Florencia, orígenes maternales de Oriente.

Escultura que representa a la madre que perdió a casi todos sus hijos e hijas, Niobe, con su hija pequeña. Galeria Uffizi, AGC, 2025

Bajo Santa Maria de Fiore, el Duomo o Catedral de Florencia, se hallan las ruinas de la anterior iglesia paleocristiana (siglos III-XIII) dedicada a Santa Reparada, una mártir de del siglo III que muere con quince años, como Santa Eulalia. Aunque las figuras martiriales son más símbolo y leyenda que historia, sus advocaciones delatan la antigüedad del culto y su procedencia, en este caso, Cesárea de Palestina.

Cripta de Santa Reparada bajo Santa Maria de fiori. Viquipèdia.

Hay pocas advocaciones femeninas en las iglesias. Dejando de lado a Maria, la mayoría son figuras martiriales con las que se fue apartando a las gentes de las primeras civilizaciones de los extendidos cultos a Deméter la diosa madre que, junto a su hija, Perséfone o Kore, son protectoras de la fecundidad y la fertilidad de la tierra. Una historia relegada por la Iglesia a través del culto a María, con el que se perdió la poderosa relación madre-hija. Deméter, como Ceres, Atenea, Venus o Afrodita nos recuerdan que hubo un tiempo en que ellas fueron veneradas.

Imagen funeraria que parece representar una madre sin hijos, porque no los tuvo o porque los perdió. Ufizzi, 2025

Santa Felicita, esclava deSanta Perpetua de Cartago, con quien, según la tradición, compartió martirio, junto a otros cristianos de su círculo, tendrá, desde los orígenes del primer cristianismo que llegó a través de Siria i Cartago envuelto en el pensamiento griego, otra antigua iglesia en el barrio de Oltrarno, al otro lado del río Arno, edificada sobre un antiguo oratorio romano. Una matrona, que ofrecía su casa a las primeras reuniones y su esclava, ambas madres jóvenes, quedaron unidas más allá de las diferencias sociales, lo que representa al cristianismo de los primeros tiempos que aún contaba con la presencia y reconocimiento femenino.

Plaza de Santa Felicita en Oltrarno, cerca del ponte Veccio. AGC, 2025

Santa Reparada fue la única patrona de Florencia hasta el siglo XIV, cuando se le añadió la madre de María, Santa Ana, advocación de una iglesia que se alzó en su honor, cerca del Palacio Vecchio y que más tarde se dedicó a San Miguel y posteriormente a San Carlo de Lombardía o (Borromeo). En torno a Santa Ana se celebra el triunfo de la República Florentina contra la tiranía del duque de Atenas, instaurando un nuevo dominio, el de los “gordos” o potentes locales.[1] En todo caso, el pueblo de Florencia, donde había arraigado la importancia de la maternidad, abre, con la fiesta de Santa Ana, un nuevo camino para una ciudad, el camino del Arte que alumbrará al mundo.

La iglesia de Sant Carlo fue la que se levantó para conmemorar una liberación bajo la advocación de Santa Ana, AGC, 2025

En Orsanmichele, donde se construyó el mercado del grano y los graneros en el siglo XIV, sobre una antigua iglesia dedicada a San Miguel, podemos admirar el grupo escultórico del siglo XVI de Francesco de Sangallo que representa a Santa Ana que sostiene el niño, mientras María lee.

Grup escultóric de Santa Ana, con María, leyendo y el niño, AGC, 2025

El Palacio Vecchio también fue alzado ese siglo efervescente del XIV para acoger las nuevas instituciones políticas de la ciudad. Anteriormente las elecciones de los priores se hacían en el mismo lugar, pero en una iglesia de los siglos IX y XI de la que quedan algunos restos bajo los Ufizzi (ofocinas), San Pietro Scheraggio (cuyo significado proviene de un canal de aguas residuales de depuración), donde se veneraba la virgen “Ninna” (niña) a partir de un relato apócrifo, el de la “presentación de María en el Templo” por sus padres, Joaquín y Ana que, a pesar de no ser reconocido por la Iglesia, ha dado lugar a muchas representaciones artísticas y a diversas fundaciones de órdenes femeninas dedicadas a la enseñanza y educación de las niñas.

De hecho, Santa Ana se suele representar enseñando a María a leer, un potente mensaje que calaría entre aquellas férreas ataduras que nos pusieron a las mujeres prohibiéndonos ir a la Universidad o ser parte activa en los gremios. Los “libros de horas” o el mismo salterio, fueron las primeras cartillas de lectura de muchas niñas, jóvenes y mujeres. La imagen familiar de Maria, niña, aprendiendo con su madre Santa Ana o conducida por sus padres fue siempre más popular que el dogma de la virginidad promulgado en Éfeso el siglo V. El interés de las mujeres por la lectura y la escritura también ha sido mucho mayor, a pesar de que se haya querido ocultar.

Como una auténtica «Trinidad», Santa Ana, María y el niño, S. XV, obra de dos artistas: Masaccio i Masolino. Viquipèdia.

Vemos pues que la preferencia por Santa Ana, la abuela-madre venía de antiguo, quizás desde aquellos cultos orientales primitivos a Deméter ya que a Florencia llegó fácilmente el cristianismo que nació en Oriente, lo vemos en el arte que se refleja en los iconos y en la mejor consideración hacia la mujer.

Icono en San Donato in Scopeto, Oltrarno, AGC, 2025

Es algo que nos transmite otra antigua iglesia de Oltrarno, San Donato in Scopeto, un antiguo monasterio del siglo XIII cuyo exterior nos recuerda a esos mundos del otro lado del Mediterráneo. Por cierto, San Donato, un obispo del siglo IV, era de Epiro (los Balcanes), igual que la madre de Alejandro.

San Donato in Scopeto, en Oltrarno, con aires bizantinos, AGC, 2025

Una figura más legendaria que real, pero que también nos hace de puente con Oriente, es la de Santa Catalina de Alejandría (siglo IV). En la plaza a ella dedicada en Florencia existió un monasterio bajo su advocación, cerca de la actual iglesia del Sagrado Corazón, fundada por las hermanas agustinas en 1306. Los orígenes de las agustinas, como los de otras ramas femeninas admitidas con reticencias por la Iglesia, como el Cister o las terceras órdenes mendicantes, hay que buscarlos en los grupos independientes de mujeres que ponían en práctica su espiritualidad con acuerdos pactados libremente, predicando, enseñando y viviendo de su trabajo, lo que se corresponde con la existencia de un hospital de huérfanos y un centro de enseñanza a niñas pobres.[2] Una pequeña capilla, de agustinas se construyó en Oltrarno en 1442 bajo otra advocación materna: Santa Mónica, madre de San Agustín, un espacio ahora dedicado a ofrecer conciertes.

Santa Mónica en Oltrarno, AGC, 2025

Una de las órdenes femeninas más duraderas, es la de las benedictinas. En Florencia estuvieron en la abadía florentina, fundada el 978,que contó también con un hospital y que actualmente acoge a la fraternidad de Jerusalén; en la desaparecida iglesia de San Pedro Mayor del siglo XI,de la que sólo quedan unas arcadas, en el de Santa Úrsula (virgen de Colonia, Alemania), dedicado a la transcripción de manuscritos en el primer Duomo del siglo IV sobre el que en el siglo XV se alzó la actual basílica de San Lorenzo, y en el monasterio de Santa Apolonia (también mártir de Alejandría) del siglo XIV, actualmente museo. ¿Estuvieron? Están, las encontramos en Oltrarno, cerca de donde dormimos unos días, hablamos con ellas, algunas de lejanos países, compartimos nuestro interés por escribir sobre las mujeres medievales y, entre ellas, San Pere de les Puel·les de Barcelona, con más de mil años de historia. Conocían San Pere, nos encontramos en ese reconocimiento mutuo y nos alegramos.

San Pedro Mayor, de las benedictinas, postal antigua

Para acabar este nuevo recorrido por Florencia sin cansarnos demasiado, acabaremos mencionando a unas comunidades mixtas que nacieron laicas, como las Deodonadas o las beguinas, las de los Umiliatti (Humillados) que fundaron la iglesia de Ognissanti (todos los santos) en 1251, pero en 1561, tras las dificultades que conllevaba la vida alternativa que procuraban con una convivencia entre familias y hombres y mujeres laicos o consagrados a los que les unía el vivir de su trabajo llevando una vida evangélica, algunos pasarían a la tercera orden de San Francisco.

El amor de un padre, un abuelo, un familiar, un amigo queda integrado en el amor familiar no excluyente. Palacio Pitti. AGC, 2025

La Iglesia acabó con esas prácticas más evangélicas que contaban con la presencia, la actividad y la autoridad femenina, es un hecho, pero, paseando por Florencia, encontramos un sinfín de menciones a un recuerdo que revela la importancia del amor en nuestras vidas.

La Caridad, Francesco de Rossi, S. XVI. Uffizzi, AGC, 2025

Las diosas-madres de las civilizaciones antiguas, las figuras martiriales femeninas, madres en ciernes, aún adolescentes, algunas, madres jóvenes, otras; la madre de la madre, la mujer que lee y enseña a leer, las que se entregan al cuidado haciéndose madres de muchos polluelos a los que ayudan a crecer y volar, la madre que procura la Paz. A todas las mujeres que han hecho y hacen de la relación un camino de gozo, de ternura y de Paz.

Escultura en un rincón de Florencia, AGC, 2025

Maria Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel, agosto, 2025

En recuerdo de un viaje entrañable con hijos y nieta


[1] https://historiasdebellvitge.com/2025/06/27/florencia-una-sublevacion-proletaria-en-el-siglo-xiv-con-simone-weil-maquiavelo-y-catalina-de-siena/

[2]https://www.loquis.com/es/loquis/573672/Iglesia+de+Nuestra+Se+ora+del+Sagrado+Coraz+n+Florencia

Florencia: una sublevación proletaria en el siglo XIV con Simone Weil, Maquiavelo y Catalina de Siena.

El Arno y la iglesia de S. Frediano «in Cestello»

Cuando visitamos Florencia podemos observar de cerca las Bellas Artes en mayúsculas y nos encontramos con los Médici por todas partes, pero la bella Florencia tiene una historia previa a sus mecenas más prestigiosos.

Palacio Pitti, donde residieron los Médici.

Nicolás Maquiavelo (Florencia, 1469-1527), conocido especialmente por su obra “El Príncipe”, también escribió en sus últimos años de vida una historia de Florencia, desde sus orígenes hasta 1492. No fue el único historiador de la ciudad floreciente, pero sí el más ilustre.

Simone Weil (París, 1909 – Ashford, 1943) recogió una parte de la historia florentina relatada por Maquiavelo y la analizó en un artículo previo que fue publicado en “La Crítica Social” y recogido en una de sus obras.[1] El episodio es el de la revolución de los Ciompi, trabajadores asalariados del textil.

Palacio del Arte de la Lana, junto al Palacio Vecchio

Florentia” es la ciudad del florecimiento para los romanos, “Fiorenze”, en época medieval, un término que describe la belleza de sus paisajes, atravesados por el río Arno, pero también su nivel cultural, político y económico. En el siglo XIII Florencia tenía su propia banca y la primera moneda con un valor estándar: el florín.

Orssanmichelle, donde se guardaba el grano en época medieval

La República de Florencia se establece el siglo XII a la muerte de la “Gran Condesa” Matilde de Canossa o de Toscana (1046-1115) que, partidaria del papado en los conflictos contra el Sacro Imperio romano-germano, había donado parte de sus bienes, en 1079, al papa Gregorio VII (-1085), el de la “reforma gregoriana” que obligó al celibato de los clérigos condenando a sus mujeres a ser consideradas concubinas y a sus hijos, ilegítimos.

Restos de St. Pier de Scheraggio, del siglo XI, donde se reunía la primera comuna.

Una “comuna” regirá la ciudad administrando justicia en la desaparecida iglesia de St. Pier Scheraggio y, desde finales del siglo XIII, en el Palacio de la Señoría, con unos cargos electos que se renovaban cada dos meses, aunque no todos los sectores de la población están representados. En el siglo XIV, de unos noventa mil habitantes de la Florencia del momento, apenas tres mil eran los ciudadanos que podían participar en las elecciones. El gonfaloniero (gobernante y portador del estandarte de la ciudad ante su ejército) y los ocho “priores” o representantes de los gremios o “artes” (seis de las “mayores” y dos de las “menores”) residen en el palacio durante el tiempo que dura su mandato. Otros estamentos de ciudadanos o de militares participarán en la toma de decisiones importantes. La renovación de cargos se hacía por sorteo en la iglesia de la Santa Croce, erigida por la Comuna a finales del siglo XIII sobre una anterior franciscana (actualmente un enorme y bello panteón de numerosas celebridades italianas). Aunque todo parece muy democrático las diferencias de clase y de poder y la corrupción camparan a sus anchas originando numerosos conflictos.

La logia, donde se celebraban las ceremonias públicas.

Los frecuentes enfrentamientos entre güelfos (partidarios del Papa y de la creación de estados independientes italianos) y gibelinos (más afines a la unificación de Italia bajo el Imperio), tanto en las relaciones exteriores como en los conflictos internos, acaban desdibujando las iniciales líneas divisorias al pasar a las rivalidades entre familias vecinas. Dante Alighieri (Florencia, 1265 – Rávena, 1321) sufrió exilio por su adhesión a la causa gibelina que después asumieron los “güelfos blancos” frente a los negros, partidarios del Papa.

Dante, delante de la iglesia de la Santa Croce

Las crisis se harán más confusas y convulsas con la pérdida de autoridad del Emperador entre 1330 y 1340. La alta burguesía había desplazado el peso de la nobleza y de la iglesia en el gobierno de la ciudad. Las artes habían llegado a ser veintiuna (siete mayores y catorce menores), prohibiéndose ampliar este número. Las “mayores”, formadas por juristas y notarios, comerciantes y especieros, peleteros, médicos, banqueros y magnates de la industria y del comercio de la lana, controlaban los precios en forma de “cartel” (Weil).

Palau Veccio, se pueden ver los escudos de las artes.

Los gremios o cofradías de artesanos o “artes menores” gozaban de alguna representación, pero mucho menos poder. El descontento era general, había nuevas artes, como la de los tintoreros y la de otros artesanos aún no reconocidos que reclamaban su participación en el gobierno, mientras que la plebe no contaba si no era para ser sometida a la condición servil, lo que originará en 1378 la revolución de los “Ciompi”, el último eslabón de los trabajadores de la Lana integrados en los oficios más duros de esta arte, a los que se les añadirán otros obreros con similares condiciones de vida.

Nanni di Banco esculpió talleres de trabajo bajo los 4 santos de los gremios artesanos.

Maquiavelo explica esta revolución dando cuenta de los diferentes elementos que intervienen en la sucesión de los hechos, de acuerdo con la crítica filosófica-política que le caracteriza, como los intereses particulares, la manipulación del pueblo, algunos sentimientos humanos como la vergüenza o el miedo que condicionan el obrar o el puro azar que se entromete. Una línea de pensamiento muy cercana a Weil.

Con anterioridad a la revolución social de estos trabajadores de los sectores más pobres hubo una sublevación de los sectores medios y liberales contra la dictadura del duque de Atenas, una tiranía foránea a la que algunos florentinos acudieron para favorecer su expansión y resolver conflictos internos. El tirano, como muchos otros, había hecho demagogia con el pueblo apoyando -con palabras más que con hechos- algunas reivindicaciones de los nuevos sectores, esperando con ello su apoyo contra la burguesía, lo que no consiguió, siendo derrocado finalmente en un motín, en 1343. Se restaura entonces el gobierno propio con sus gremios y la intervención prioritaria de los “gordos” o potentados, una dictadura local que provoca, junto a las crisis económicas, las hambrunas y epidemias, el alzamiento de los más pobres.

St. Carlo Lombardía (actualmente S. Carlos Borromeo) edificada bajo la advocación de Santa Ana en 1349 para conmemorar la caida del duque de Atenas.

No podemos dejar de lado el papel complejo de la Iglesia que, aunque inmersa en sus propias rivalidades y con los papas en Aviñón, no se rinde fácilmente a ser dejada de lado. Catalina de Siena (Siena, 1347- Roma, 1380), una “mantellate” (porque llevaban una toca) o mística laica fervientemente apasionada de la necesaria reforma de la iglesia, siempre que se hiciera desde dentro de su seno, y de la vuelta a Roma del papado, intervendrá social y políticamente en muchos asuntos, promoviendo la reconciliación y la vuelta a la Iglesia. Con Florencia mantiene una relación epistolar desde 1370 y presencial desde 1374, acudiendo en tres ocasiones a la ciudad, donde tenía contactos con la causa güelfa, siendo recibida en la Señoría en 1375, aunque parece que sin resultados efectivos.[2]

Sta. Maria Novella, donde los dominicos sometieron a exament a Catalina de Siena en 1374.

Las medidas proteccionistas del Papa Gregorio XI hacia los güelfos habían provocado hostilidades en una guerra de mercenarios (1375-1378) denominada por los florentinos como de “los ocho santos”. La guerra aumenta las pérdidas y las rivalidades entre familias y ciudades próximas. En 1376 el papa lanza el “entredicho” a Florencia, excomulgando a sus dirigentes y dejando a la ciudad sin la posibilidad de acudir a ceremonias religiosas, lo que aumentó el malestar de la población. La Señoría reaccionó apropiándose de bienes eclesiásticos para venderlos y financiar los gastos de la guerra. Florencia fue una ciudad subversiva contra la intervención de la Iglesia en el poder temporal.

En 1377 Catalina acude por tercera y última vez a Florencia a ruegos del Papa, que debió pensar que sería más fácil la aceptación de la mantellate que la suya. Las autoridades de la ciudad habían decidido obligar al clero a decir misa en público y a absolver a los penitentes, temas importantes para la población, ante lo cual una parte del clero abandonó la ciudad mientras que algunos aceptaron, Catalina, radical en sus principios, fue crítica con estos.

«Agus Dei», un símbolo cristiano en el Palacio de la Lana.

En marzo de 1378 fallece Gregorio XI que había regresado a Roma como quería Catalina, aunque por intereses ajenos a ella y en abril se nombra el nuevo gonfaloniero de Florencia, Silvestro de Médici, miembro de la pequeña burguesía y del partido güelfo en su vertiente moderada, uno de los primeros del clan Médici. Los disturbios entre güelfos y gibelinos se suceden hasta que en julio estalla el motín de los Ciompi. Durante tres días Florencia es asaltada, arrasada e incendiada. Poco después, el nuevo papa, Urbano VI, firmará la paz con Florencia, mientras se produce el Cisma de Occidente (con dos papas). Catalina deja entonces la ciudad sintiéndose utilizada y fracasada una sensación que aumenta con la actitud del nuevo Papa, que no dejó de mirar por sus intereses ni reformó la Iglesia. Catalina morirá en 1380 de inanición en lo que vendría a ser una huelga de hambre, de una manera similar a como moriría Simone Weil.

Lo curioso de la revuelta -o no tanto- es que el líder del alzamiento popular, Michele di Lando, acabará poniéndose al frente de los destacamentos que consiguen derrotarlo (los grandes se esconden o se dedican a proteger lo suyo). Y es que nadie, ni los grandes, ni los artesanos medianos, soportaban “el hedor de la plebe” en el gobierno de la ciudad. Di Lando, nos dice irónicamente Weil, hará lo que habría hecho en su lugar cualquier jefe socialdemócrata, “se vuelve contra sus antiguos compañeros”, concede beneficios a quienes le apoyan, como los réditos de las tiendas del puente Vecchio a Silvestro de Médici, lo que debió contribuir a amasar la gran fortuna familiar, y otros a ciudadanos que apoyaron la plebe, “no tanto para compensarlos por su colaboración como para que lo defendieran siempre contra sus enemigos”, señala Maquiavelo. Los conflictos seguirán durante un tiempo de zozobra, llegando a cortar algunas cabezas, finalmente di Lando acabará en el exilio y “los gordos” recuperarán su anterior poder que gozarán con una mayor estabilidad. Los obreros no volverán a levantarse en una revolución similar hasta cuatro siglos después.

El Ponte Vecchio sobre el río Arno

Simone Weil, próxima, pero crítica, tanto con el marxismo como con los movimientos libertarios que propugnan revoluciones, hace su análisis contundente y demoledor como le es propio, tal como Maquiavelo lo hace a su estilo; con ambos, nada faltos de razón, y aunque podamos aceptar que en algunos sectores se ha ido avanzando en mejoras sociales, debemos encarar las contradicciones que nos rodean y evitar, en lo posible, dejarnos arrastrar por demagogias y manipulaciones.

Catalina, una figura compleja y una mujer ejemplar, fue utilizada por la jerarquía eclesial mientras reducía las posibilidades de vida participativa en la sociedad de tantísimas mujeres, no permitiéndoles entrar en la Universidad ni en los gremios y limitándolas a ejercer sus funciones tradicionales en el hogar o el convento. Catalina, que se encerró en su casa durante un tiempo por decisión propia y salió también por propia iniciativa, participó en la vida social y política de su tiempo de forma original y apasionada, en eso no fracasó.

Su muerte pasó desapercibida, excepto en sus círculos más próximos, aunque un cronista florentino, Marchione di Coppo le dedicó unas pocas palabras reconociendo que no consiguió “convertir al Papa y llevarlo a tomar la iniciativa de las reformas que ella había reclamado y esperado durante toda su vida pública.” (Vauchez, 111-112)

En esta «Alegoría de la iglesia militante y triunfante» de Andrea Bonaiuto de 1369, que se encuentra en la «capilla de los españoles» de la iglesia de la Santa Cruz, parecería que las mujeres están por encima de los hombres marcando su autoridad, pero no, ellos son hombres concretos: un músico, un teólogo, un médico… ellas no son más que sus alegorías: La música, la teología, la medicina…

Maria Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel, 25/06/2025

A mis hijos, Pau e Irene y a mi nieta Judith por su grata compañía en este viaje inolvidable a Florencia.


[1] Weil, Simone “Una sublevación proletaria en la Florencia del siglo XIV” En: Escritos históricos y políticos. Madrid: Trotta, 2007, p. 211-225.

[2] Vauchez, André. Catalina de Siena. Vida y pasiones. Herder, 2017