Florencia: una sublevación proletaria en el siglo XIV con Simone Weil, Maquiavelo y Catalina de Siena.

El Arno y la iglesia de S. Frediano «in Cestello»

Cuando visitamos Florencia podemos observar de cerca las Bellas Artes en mayúsculas y nos encontramos con los Médici por todas partes, pero la bella Florencia tiene una historia previa a sus mecenas más prestigiosos.

Palacio Pitti, donde residieron los Médici.

Nicolás Maquiavelo (Florencia, 1469-1527), conocido especialmente por su obra “El Príncipe”, también escribió en sus últimos años de vida una historia de Florencia, desde sus orígenes hasta 1492. No fue el único historiador de la ciudad floreciente, pero sí el más ilustre.

Simone Weil (París, 1909 – Ashford, 1943) recogió una parte de la historia florentina relatada por Maquiavelo y la analizó en un artículo previo que fue publicado en “La Crítica Social” y recogido en una de sus obras.[1] El episodio es el de la revolución de los Ciompi, trabajadores asalariados del textil.

Palacio del Arte de la Lana, junto al Palacio Vecchio

Florentia” es la ciudad del florecimiento para los romanos, “Fiorenze”, en época medieval, un término que describe la belleza de sus paisajes, atravesados por el río Arno, pero también su nivel cultural, político y económico. En el siglo XIII Florencia tenía su propia banca y la primera moneda con un valor estándar: el florín.

Orssanmichelle, donde se guardaba el grano en época medieval

La República de Florencia se establece el siglo XII a la muerte de la “Gran Condesa” Matilde de Canossa o de Toscana (1046-1115) que, partidaria del papado en los conflictos contra el Sacro Imperio romano-germano, había donado parte de sus bienes, en 1079, al papa Gregorio VII (-1085), el de la “reforma gregoriana” que obligó al celibato de los clérigos condenando a sus mujeres a ser consideradas concubinas y a sus hijos, ilegítimos.

Restos de St. Pier de Scheraggio, del siglo XI, donde se reunía la primera comuna.

Una “comuna” regirá la ciudad administrando justicia en la desaparecida iglesia de St. Pier Scheraggio y, desde finales del siglo XIII, en el Palacio de la Señoría, con unos cargos electos que se renovaban cada dos meses, aunque no todos los sectores de la población están representados. En el siglo XIV, de unos noventa mil habitantes de la Florencia del momento, apenas tres mil eran los ciudadanos que podían participar en las elecciones. El gonfaloniero (gobernante y portador del estandarte de la ciudad ante su ejército) y los ocho “priores” o representantes de los gremios o “artes” (seis de las “mayores” y dos de las “menores”) residen en el palacio durante el tiempo que dura su mandato. Otros estamentos de ciudadanos o de militares participarán en la toma de decisiones importantes. La renovación de cargos se hacía por sorteo en la iglesia de la Santa Croce, erigida por la Comuna a finales del siglo XIII sobre una anterior franciscana (actualmente un enorme y bello panteón de numerosas celebridades italianas). Aunque todo parece muy democrático las diferencias de clase y de poder y la corrupción camparan a sus anchas originando numerosos conflictos.

La logia, donde se celebraban las ceremonias públicas.

Los frecuentes enfrentamientos entre güelfos (partidarios del Papa y de la creación de estados independientes italianos) y gibelinos (más afines a la unificación de Italia bajo el Imperio), tanto en las relaciones exteriores como en los conflictos internos, acaban desdibujando las iniciales líneas divisorias al pasar a las rivalidades entre familias vecinas. Dante Alighieri (Florencia, 1265 – Rávena, 1321) sufrió exilio por su adhesión a la causa gibelina que después asumieron los “güelfos blancos” frente a los negros, partidarios del Papa.

Dante, delante de la iglesia de la Santa Croce

Las crisis se harán más confusas y convulsas con la pérdida de autoridad del Emperador entre 1330 y 1340. La alta burguesía había desplazado el peso de la nobleza y de la iglesia en el gobierno de la ciudad. Las artes habían llegado a ser veintiuna (siete mayores y catorce menores), prohibiéndose ampliar este número. Las “mayores”, formadas por juristas y notarios, comerciantes y especieros, peleteros, médicos, banqueros y magnates de la industria y del comercio de la lana, controlaban los precios en forma de “cartel” (Weil).

Palau Veccio, se pueden ver los escudos de las artes.

Los gremios o cofradías de artesanos o “artes menores” gozaban de alguna representación, pero mucho menos poder. El descontento era general, había nuevas artes, como la de los tintoreros y la de otros artesanos aún no reconocidos que reclamaban su participación en el gobierno, mientras que la plebe no contaba si no era para ser sometida a la condición servil, lo que originará en 1378 la revolución de los “Ciompi”, el último eslabón de los trabajadores de la Lana integrados en los oficios más duros de esta arte, a los que se les añadirán otros obreros con similares condiciones de vida.

Nanni di Banco esculpió talleres de trabajo bajo los 4 santos de los gremios artesanos.

Maquiavelo explica esta revolución dando cuenta de los diferentes elementos que intervienen en la sucesión de los hechos, de acuerdo con la crítica filosófica-política que le caracteriza, como los intereses particulares, la manipulación del pueblo, algunos sentimientos humanos como la vergüenza o el miedo que condicionan el obrar o el puro azar que se entromete. Una línea de pensamiento muy cercana a Weil.

Con anterioridad a la revolución social de estos trabajadores de los sectores más pobres hubo una sublevación de los sectores medios y liberales contra la dictadura del duque de Atenas, una tiranía foránea a la que algunos florentinos acudieron para favorecer su expansión y resolver conflictos internos. El tirano, como muchos otros, había hecho demagogia con el pueblo apoyando -con palabras más que con hechos- algunas reivindicaciones de los nuevos sectores, esperando con ello su apoyo contra la burguesía, lo que no consiguió, siendo derrocado finalmente en un motín, en 1343. Se restaura entonces el gobierno propio con sus gremios y la intervención prioritaria de los “gordos” o potentados, una dictadura local que provoca, junto a las crisis económicas, las hambrunas y epidemias, el alzamiento de los más pobres.

St. Carlo Lombardía (actualmente S. Carlos Borromeo) edificada bajo la advocación de Santa Ana en 1349 para conmemorar la caida del duque de Atenas.

No podemos dejar de lado el papel complejo de la Iglesia que, aunque inmersa en sus propias rivalidades y con los papas en Aviñón, no se rinde fácilmente a ser dejada de lado. Catalina de Siena (Siena, 1347- Roma, 1380), una “mantellate” (porque llevaban una toca) o mística laica fervientemente apasionada de la necesaria reforma de la iglesia, siempre que se hiciera desde dentro de su seno, y de la vuelta a Roma del papado, intervendrá social y políticamente en muchos asuntos, promoviendo la reconciliación y la vuelta a la Iglesia. Con Florencia mantiene una relación epistolar desde 1370 y presencial desde 1374, acudiendo en tres ocasiones a la ciudad, donde tenía contactos con la causa güelfa, siendo recibida en la Señoría en 1375, aunque parece que sin resultados efectivos.[2]

Sta. Maria Novella, donde los dominicos sometieron a exament a Catalina de Siena en 1374.

Las medidas proteccionistas del Papa Gregorio XI hacia los güelfos habían provocado hostilidades en una guerra de mercenarios (1375-1378) denominada por los florentinos como de “los ocho santos”. La guerra aumenta las pérdidas y las rivalidades entre familias y ciudades próximas. En 1376 el papa lanza el “entredicho” a Florencia, excomulgando a sus dirigentes y dejando a la ciudad sin la posibilidad de acudir a ceremonias religiosas, lo que aumentó el malestar de la población. La Señoría reaccionó apropiándose de bienes eclesiásticos para venderlos y financiar los gastos de la guerra. Florencia fue una ciudad subversiva contra la intervención de la Iglesia en el poder temporal.

En 1377 Catalina acude por tercera y última vez a Florencia a ruegos del Papa, que debió pensar que sería más fácil la aceptación de la mantellate que la suya. Las autoridades de la ciudad habían decidido obligar al clero a decir misa en público y a absolver a los penitentes, temas importantes para la población, ante lo cual una parte del clero abandonó la ciudad mientras que algunos aceptaron, Catalina, radical en sus principios, fue crítica con estos.

«Agus Dei», un símbolo cristiano en el Palacio de la Lana.

En marzo de 1378 fallece Gregorio XI que había regresado a Roma como quería Catalina, aunque por intereses ajenos a ella y en abril se nombra el nuevo gonfaloniero de Florencia, Silvestro de Médici, miembro de la pequeña burguesía y del partido güelfo en su vertiente moderada, uno de los primeros del clan Médici. Los disturbios entre güelfos y gibelinos se suceden hasta que en julio estalla el motín de los Ciompi. Durante tres días Florencia es asaltada, arrasada e incendiada. Poco después, el nuevo papa, Urbano VI, firmará la paz con Florencia, mientras se produce el Cisma de Occidente (con dos papas). Catalina deja entonces la ciudad sintiéndose utilizada y fracasada una sensación que aumenta con la actitud del nuevo Papa, que no dejó de mirar por sus intereses ni reformó la Iglesia. Catalina morirá en 1380 de inanición en lo que vendría a ser una huelga de hambre, de una manera similar a como moriría Simone Weil.

Lo curioso de la revuelta -o no tanto- es que el líder del alzamiento popular, Michele di Lando, acabará poniéndose al frente de los destacamentos que consiguen derrotarlo (los grandes se esconden o se dedican a proteger lo suyo). Y es que nadie, ni los grandes, ni los artesanos medianos, soportaban “el hedor de la plebe” en el gobierno de la ciudad. Di Lando, nos dice irónicamente Weil, hará lo que habría hecho en su lugar cualquier jefe socialdemócrata, “se vuelve contra sus antiguos compañeros”, concede beneficios a quienes le apoyan, como los réditos de las tiendas del puente Vecchio a Silvestro de Médici, lo que debió contribuir a amasar la gran fortuna familiar, y otros a ciudadanos que apoyaron la plebe, “no tanto para compensarlos por su colaboración como para que lo defendieran siempre contra sus enemigos”, señala Maquiavelo. Los conflictos seguirán durante un tiempo de zozobra, llegando a cortar algunas cabezas, finalmente di Lando acabará en el exilio y “los gordos” recuperarán su anterior poder que gozarán con una mayor estabilidad. Los obreros no volverán a levantarse en una revolución similar hasta cuatro siglos después.

El Ponte Vecchio sobre el río Arno

Simone Weil, próxima, pero crítica, tanto con el marxismo como con los movimientos libertarios que propugnan revoluciones, hace su análisis contundente y demoledor como le es propio, tal como Maquiavelo lo hace a su estilo; con ambos, nada faltos de razón, y aunque podamos aceptar que en algunos sectores se ha ido avanzando en mejoras sociales, debemos encarar las contradicciones que nos rodean y evitar, en lo posible, dejarnos arrastrar por demagogias y manipulaciones.

Catalina, una figura compleja y una mujer ejemplar, fue utilizada por la jerarquía eclesial mientras reducía las posibilidades de vida participativa en la sociedad de tantísimas mujeres, no permitiéndoles entrar en la Universidad ni en los gremios y limitándolas a ejercer sus funciones tradicionales en el hogar o el convento. Catalina, que se encerró en su casa durante un tiempo por decisión propia y salió también por propia iniciativa, participó en la vida social y política de su tiempo de forma original y apasionada, en eso no fracasó.

Su muerte pasó desapercibida, excepto en sus círculos más próximos, aunque un cronista florentino, Marchione di Coppo le dedicó unas pocas palabras reconociendo que no consiguió “convertir al Papa y llevarlo a tomar la iniciativa de las reformas que ella había reclamado y esperado durante toda su vida pública.” (Vauchez, 111-112)

En esta «Alegoría de la iglesia militante y triunfante» de Andrea Bonaiuto de 1369, que se encuentra en la «capilla de los españoles» de la iglesia de la Santa Cruz, parecería que las mujeres están por encima de los hombres marcando su autoridad, pero no, ellos son hombres concretos: un músico, un teólogo, un médico… ellas no son más que sus alegorías: La música, la teología, la medicina…

Maria Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel, 25/06/2025

A mis hijos, Pau e Irene y a mi nieta Judith por su grata compañía en este viaje inolvidable a Florencia.


[1] Weil, Simone “Una sublevación proletaria en la Florencia del siglo XIV” En: Escritos históricos y políticos. Madrid: Trotta, 2007, p. 211-225.

[2] Vauchez, André. Catalina de Siena. Vida y pasiones. Herder, 2017

La “Pepa” i la primera República a l’Hospitalet de Llobregat.

Eixamples vuitcentistes, revoltes, contra-revoltes i un nomenclàtor a revisar.

1.- L’eixample de la Fabregada.

L’augment de població durant el segle XIX va motivar obrir nous sectors d’habitatge entorn de l’Avinguda Fabregada, on s’instal·laven algunes de les primeres indústries d’adobs, tèxtils, ceràmiques o molins.

El topònim “Fabregada” (“Fabricata”) és molt antic a la nostra ciutat, el trobem per primer cop el 1106 quan Eliarda, vídua de Pere Grau, amb el seu gendre Pere Bernat i la seva filla Agnès, muller d’aquest, empenyen a Ermengarda i al seu fill Ramon Bernat (clergue) el “mas Fabregada” amb totes les seves pertinences, a la parròquia de Santa Eulàlia de Provençana, per 900 mancusos d’or de València que els devien d’un empenyorament anterior que havia fet Pere Grau a Ermengol Bernat a Sant Andreu de “Palumbario” (Palomar) i del que mare i fill tenien escriptures. L’alou de Fabregada era entre uns límits massa amples o poc definits: del coll d’Enforcats (Plaça Espanya) al riu Llobregat i de les muntanyes a la mar (és a dir, Provençana).[1] Cal dir que la família Guerau (ara Grau) tenien amples possessions al terme, també a Banyols i a la Torre Blanca.

Un pati interior dels blocs d’habitatges del barri de Sant Josep. AGC, 2021

Doncs bé, pels volts del 1860, s’obre el carrer de Sant Antoni, primitivament anomenant Trabal, Migdia (nom que encara perdura) i el suggestiu “Hort de les Cols” que es convertirà el 1865 en el carrer Castillejos, tal com avui el podem trobar, en honor al General Prim (Reus, 1814 – Madrid, 1870) que havia guanyat aquesta batalla a Tetuan el 1860. Un record d’un fet cruent que va deixar masses morts, potser es podria canviar ja aquest nom i recuperar d’altres més significatius del nostre passat.[2]

Joan Baptista Calabrés a Reus, 1953, imitant el «Prim de Reus» com li deien a la seva estàtua.

Més que un eixample podem considerar aquests primers carrers d’habitatges d’obrers com una expansió urbana provocada pels canvis de model productiu.

2.- L’eixample del mercat. Records liberals.

Joan Casas denomina a aquest autèntic primer eixample com “l’eixample vuitcentista del mercat” diferenciant-lo del noucentista de les Rambles.[3]

La Primera República espanyola (11-2-1873 / 28-12-1874) coincideix a l’Hospitalet amb la necessitat d’obrir el traçat del barri antic per a ubicar nous espais comuns i millorar els accessos a la zona de la Marina.

El 1877 existeix una “Junta de Foment de l’Eixample”, aquesta junta devia tenir molt present la primera i curta República espanyola, així com els moviments liberals i revolucionaris que intentaren fer sortir a Espanya del seu ostracisme atàvic (que encara avui ressorgeix) i deixà alguns noms que les recordaren.

L’antiga plaça del mercat. Al fons es veu la font que es posarà a la placeta de la Constitució.
  • La plaça de la Constitució (de Cadis) i la font de l’antic mercat

Aquesta placeta era, amb la de l’Església (més petita encara que aquesta), les dues úniques places de la vila vella, massa petites per a qualsevol servei públic com un mercat. Ubicada al carrer Major, va rebre el seu nom durant la Guerra de la Independència en homenatge a la Constitució de Cadis de 1812. Aquesta primera constitució, coneguda com “la Pepa”, va durar poc en una Espanya dividida i en guerra, tot i que la seva influència i record sí es van deixar sentir.

Pl. Constitució al carrer Major de l’Hospitalet amb la font que havia estat a la plaça del mercat. AGC, 2021.

Fernando VIII la suprimí en tornar a Espanya en 1814, quan implantà el seu absolutisme més dur, fins el 1820 en que, davant del pronunciament de Riego, el rei es va veure obligat a jurar la Constitució, instaurant el “Trienni Liberal”, un intent que va durar poc, ja que després va venir la “dècada ominosa”, durant la qual van ser executats molts liberals com Riego, el “Empecinado”[4] o Mariana Pineda (Granada, 1804-1831) portada a la forca més aviat com a represàlia per no correspondre l’amor d’algú que pel seu suport obert als liberals. García Lorca li dedicà una obra de teatre que representà, entre d’altres, Margarita Xirgu (1988-1969).[5]

Margarita Xirgu interpretant a Mariana Pineda, obra de García Lorca.

A la nostra placeta de la Constitució, de nit i d’amagat, es va canviar la placa que hi havia per una altra que duia el nom d’aquell dictador.

Davant de la Pl. Constitució, al carrer de St. Roc, també es va treure el nom de C. de la Revolució, després de la Guerra Civil. Cal dir que el nom de St. Roc duu, rera el nom del sant una història sobre la inmigricadió francesa a la nostra ciutat. AGC.

Actualment la plaça de la Constitució té una font que inicialment era a la plaça del mercat, inaugurada el 1898. L’actual mercat cobert va ser obra de l’arquitecte municipal Ramon Puig Gairalt als inicis del s. XX, llavors es traslladà la font a la placeta de la Constitució.[6] 

El mercat ja cobert als inicis del s. XX.

La font, de ferro fos, té dos brocs, amb aixetes que surten de la boca d’uns animals fantàstics. Originalment havia sostingut un fanal (probablement de gas) del que encara queda un segment.[7]

La font de la plaça Constitució de l’Hospitalet de Llobregat.
  • La plaça de la Llibertat, avui de Mn. Homar

En morir Fernando VII, va pujar al tro la seva filla Isabel II. Davant del descontent general, el setembre de 1868 esclatà a Cadis una revolució promoguda pels generals liberals Prim i Topete anomenada “la Gloriosa”, com la que s’havia donat a Anglaterra al 1688. Aquesta revolta va provocar l’exili d’Isabel II i la proliferació de Juntes Revolucionàries que intentaven anar més enllà del que pretenien els militars promotors.

Aquest passatge rera la plaça de Mn. Homar du el suggestiu nom de «la Rectoria». AGC, 2021.

A Barcelona es va demolir la Ciutadella i a l’Hospitalet es va fer desaparèixer el pont del Carrer Major que comunicava l’església amb la rectoria i es va tirar una paret d’un dels horts del rector, destinant l’espai al mercat. L’espai irregular que va quedar es va inaugurar com “Plaça de la Llibertat” i es va plantar un arbre.

Finalment, amb la proclamació de la República es va acabar de derruir la paret que quedava, ampliant l’espai útil i s’obrì aquest primer eixample amb carrers rectes i deixant lloc per l’Ajuntament, les escoles i el mercat.[8]

On devia haver-hi la plaça de la Llibertat, tenim avui la plaça del rector Mossèn Homar (entre la plaça de l’Ajuntament, el passatge de la Rectoria i el carrer de Rossend Arús).

Pl. Mn. Homar al costat del C. de Rossend Arús.

Josep Homar i Duran (Horta, Barcelona, 1886 – l’Hospitalet, 1967) va ser vicari de Santa Eulàlia de Mérida el 1948 i, a partir de 1954, el seu rector. A més de les obres d’una escola o les pròpies de l’església, va ser impulsor del patronat de Santa Maria de Bellvitge, però és reconegut, especialment, com a bibliòfil apassionat, la seva col·lecció de més de 9.000 llibres va ser donada a la ciutat i actualment està en una sala de la biblioteca de Can Sumarro.

1925. Davant l’església gòtica devia haver-hi la plaça de la Llibertat que probablement ja no es deuria dir així. On passa el cotxe és el Carrer Rossend Arús. La palmera senbla ser la mateixa de l’actual Pl. Mn. Homar.

Per la seva banda Rossend Arús (1844-1891) va donar terres i diners per la construcció del llavors nou Ajuntament (1895) on també s’ubicarien les escoles.

Els jardins i la casa de Ca n’Arús a la Rambla de l’Hospitalet, prop de l’Ajuntament.

Ambdós personatges són dignes de ser recordats, però, no seria maco haver conservat el nom de la “plaça de la Llibertat”? malgrat les accepcions que aquesta paraula pot tenir per algunes i que no tenen res a veure amb el sentiment de deslliurar-se de la subjecció d’un jou dictatorial.

Durant el “sexenni revolucionari” o “democràtic” que seguí a “la Gloriosa” (1868-1875) el país es va regir per una nova Constitució, la de 1869 (la cinquena a Espanya des de la de 1812)

  • El Carrer príncep de Bergara

El general liberal Espartero (1793-1879), que havia estat regent durant la minoria d’edat d’isabel II, va rebutjar la corona que li va oferir el govern provisional, la corona recaigué sobre Amadeu I de Savoia (duc d’Aosta, fill del rei d’Itàlia i rei d’Espanya entre 1871-1873). El rei atorgà el títol de “Príncep de Bergara” a Espartero en reconeixement per la seva lluita contra els carlistes i per l’acord en el que el general prengué part posant fi a la primera guerra carlista. Però, com diu el nostre historiador Joan Casas: “la memòria popular, que venerava Espartero, devia haver oblidat que el general no va vacil·lar a bombardejar Barcelona l’any 1842 quan el poble revoltat volia portar el liberalisme a mesures concretes”.[9]

El rei Amadeu va tenir dificultats provocades tant pels carlins com pels republicans; no volent prendre part en divergències internes del país, va abdicar i tornà a Itàlia. Els diputats republicans, amb els radicals, van instaurar la primera República amb la que hem iniciat aquest recorregut circular pels racons de l’Hospitalet i pels de la memòria, per la història de tantes diferències que mai s’han pogut resoldre amb la violència.

Carrer Princep de Bergara a tocar del C. de la Rectoría. Casa de 1927. AGC, 2020
  • El no-carrer de Mariana Pineda, apunts sobre el nomenclàtor de l’Hospitalet

Mariana Pineda, de més bon record que la batalla de los Castillejos, havia tingut un lloc als carrers de l’Hospitalet, era l’actual carrer Bacardí, paral·lel al carrer Alhambra del barri de Santa Eulàlia. El seu nom va ser canviat amb Guerra Civil i ja no s’ha recuperat mai més, no és una llàstima?

«Granada triste está
porque Mariana Pineda
a la horca va
porque Pedrosa y los suyos
sus verdugos son,
y esta ha sido su venganza
porque Mariana de Pineda
su amor no le dio».

Versos populars a la mort de Mariana Pineda Muñoz.

Per acabar alguns apunts sobre el nostre nomenclàtor. El 1988 Joan Camós posava una mica d’ordre a la història dels noms dels carrers de la nostra ciutat, el seu recull ens situa a la història i mostra, amb una claredat d’espant, l’absència pràcticament total de noms de dona, inclús el que es reivindiquen continuen sent homes. Déu anys després Isabel Segura treu un quadernet: Dones de l’Hospitalet. Itineraris històrics que recull fets i noms de la nostra història; a la part final inclou un nomenclàtor on trobem alguns noms de dona, on es pot veure com, excepte els més coneguts, alguns són noms de passatges i molts, força imprecisos. Durant aquest segle XXI s’han anat incorporant més noms de dona. El 2009 es va fer una proposta al ple de l’Ajuntament, personalment crec que aquest hauria de ser un treball amb totes les organitzacions de dones de la ciutat i amb les persones que vulguin col·laborar, un autèntic treball de ciutat que ens donés més cohesió.

Maria Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel, L’Hospitalet, 4-7-2021

A la jove i valenta Mariana Pineda que es va casar amb quinze anys i va morir, assassinada pel masclisme dels poders públics, abans de fer els trenta .


[1] Mas, Josep (1909-1914). Notes històriques del bisbat de Barcelona. Rúbrica dels Libri Antiquitatum de la seu de Barcelona vol. X, n. 1209

[2] Camós, J. (1988) El nomenclàtor de carrers de l’Hospitalet de Llobregat. Quadern 6 del Centre d’estudis de l’Hospitalet.

[3] Casas i Fuster, Joan (1986). L’Hospitalet de Llobregat, un passeig per la historia. Ajuntament de l’Hospitalet.

[4] Juan Martín Díaz (1775-1825), heroi de la guerra de la independència, va canviar el sentit d’aquest terme, que a la seva terra natal de Castrillo del Duero significava brut, pel que actualment té d’obstinat. El Empecinado té un carrer al barri de La Publilla Casas

[5] Segura, Isabel  (1998) Dones de l’Hospitalet. Itineraris històrics. Ajuntament de L’Hospitalet. “Nomenclátor”, p. 84.

[6] Bagán Luis V. “L’Hospitalet de Llobregat. Imatges retrospectives de la ciutat” https://lhospitaletdellobregat.wordpress.com/2012/01/11/la-font-de-la-placa-de-la-constitucio/

[7] Solé, Ramon. “Fonts naturals, aigua, muntanya i més” https://fontsaigua.wordpress.com/2021/03/06/avui-coneixerem-la-font-de-la-placa-de-la-constitucio-de-lhospitalet-de-llobregat/

[8] Marcé i Sanabra, Francesc (1979) 25 imatges de la historia de l’Hospitalet. Museu d’Història de la Ciutat, cap. 17 “la primera eixampla”, p. 75-77.

[9] Casas i Fuster, Joan (1986), o.c., p. 35